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Miércoles, 11 Febrero 2026

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA. Eugenia Sacerdote de Lustig: una vida de pasión por el conocimiento

Izq: Sacerdote de Lustig trabajando en cultivo de tejidos en el Instituto de Oncología "Angel H. Roffo" (1953). Der: en la Reunión Anual de la Sociedad Argentina de Investigaciones Clínicas junto a Federico Leloir (1973). Izq: Sacerdote de Lustig trabajando en cultivo de tejidos en el Instituto de Oncología "Angel H. Roffo" (1953). Der: en la Reunión Anual de la Sociedad Argentina de Investigaciones Clínicas junto a Federico Leloir (1973).

Pionera en aplicar la técnica de cultivos celulares en la región e impulsora de la vacuna contra la poliomielitis, su legado de resiliencia y excelencia científica es un faro de inspiración para las niñas y mujeres que eligen el camino de la ciencia.

“La vida de la Dra. Lustig es la historia de una pasión”, le dijeron en 1991 cuando le otorgaron a Eugenia Sacerdote de Lustig el Premio Hipócrates, la máxima distinción del campo de la Medicina en Argentina. La llama de esa pasión había empezado en 1931, cuando a los 21 años logró ser una de las cuatro mujeres que lograron entrar a la Facultad de Medicina de Turín, Italia, de un total de quinientos ingresantes. Aquel desafío inicial marcaría el inicio de una trayectoria ejemplar para las generaciones futuras: Sacerdote de Lustig forjó una carrera en la que abrió caminos en campos prominentes como los estudios contra el cáncer, la vacuna contra el virus de la poliomielitis y los cultivos celulares, sobreponiéndose a la indiferencia y la discriminación de género, hasta llegar, en 1961, a ser una de las primeras científicas mujeres que ingresaron a la carrera del CONICET y una de las más destacadas de la historia.

Una vida dedicada a la ciencia
Sacerdote de Lustig había dado sus primeros pasos en el mundo científico en 1936, cuando de Turín se mudó a Bruselas para trabajar como investigadora invitada en un instituto de neurobiología. Un año después, se casó, tuvo una hija y se trasladó a Roma, hasta que sobrevino la Segunda Guerra Mundial y, por su condición de judía, fue proscripta del hospital donde trabajaba como médica y debió escapar de Italia. El destino fue Sudamérica.

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Eugenia Sacerdote de Lustig es una de las figuras más destacadas de la historia de la ciencia en Argentina.

Su primer trabajo en la Argentina fue ad-honorem en la Cátedra de Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En ese espacio, creó una Sección de Cultivo de Tejidos, la nueva técnica que ella había conocido y aprendido de Herta Mayer en Italia, y que ella introdujo en Argentina. Durante sus años en la Facultad de Medicina de la UBA con personalidades científicas notables como Eduardo de Robertis y Bernardo Houssay, Premio Nobel de Medicina en 1947.

Poco después, en 1948, fue convocada por el Dr. Braccheto Brian, Director en ese momento del “Instituto de Medicina Experimental para el Estudio y el Tratamiento del Cáncer” (hoy Instituto de Oncología Angel H. Roffo) para desarrollar el cultivo de células cancerosas. En 1953, cuando el Profesor Dr. Abel Canónico fue elegido director del Instituto, Sacerdote de Lustig se incorporó al Departamento de Oncología Experimental y montó la Sección de Cultivo de Tejidos. El interés por la temática de investigación en cáncer y por la técnica de cultivos celulares fue cobrando tal notoriedad que se creó el Departamento de Investigaciones, el cual ella dirigió desde 1966 hasta su jubilación en 1986.

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Sacerdote de Lustig leyendo en su hogar (1998). Der: retrato fotográfico (1998). Créditos de ambas fotos: Marcelo Aballay

A la par de su actividad en lo que es hoy el Instituto Roffo, en 1951 fue invitada a desarrollar la técnica de cultivo de tejidos aplicada al diagnóstico viral en el recientemente creado Departamento de Virus en el Instituto Nacional de Microbiología Malbrán, área que dirigió durante la epidemia de poliomielitis.

Ya consolidada en el ámbito científico, se le presentó un desafío profesional que la llevaría a salvar miles de vidas. En 1956, Sacerdote de Lustig fue becada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para viajar a centros de investigación de Estados Unidos y Canadá que estaban desarrollando y probando vacunas contra la poliomielitis, una epidemia que estaba causando estragos en la población mundial y para la cual no había tratamiento alguno. A su regreso, fue la primera persona en probar la vacuna Salk en ella y en sus hijos. Los primeros niños que recibieron la vacuna Salk en Argentina lo hicieron de la mano de Sacerdote de Lustig.

En 1961 comenzó su carrera de investigadora científica en el recientemente creado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), del que se retiró alcanzando categoría de Investigadora Superior (la máxima posible), para años después ser distinguida como Emérita.
Eugenia Sacerdote de Lustig falleció el 27 de noviembre de 2011. Tenía 101 años. Sus colegas, entre quienes estaba Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química, la caracterizaban como una mujer que se enfrentaba a los obstáculos con pasión y energía. Al final de su vida estaba ciega, pero aun así, hasta el último día, trabajó junto a un equipo científico en el estudio de los mecanismos de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Hoy, su historia de perseverancia y sus destacados aportes en el campo de la ciencia no son solo un recuerdo, sino un ejemplo de inspiración para las nuevas generaciones de mujeres que eligen el camino de la ciencia.

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Retrato de la Doctora Eugenia Sacerdote de Lustig.

A lo largo de su carrera, Sacerdote de Lustig realizó alrededor de 180 publicaciones en revistas nacionales e internacionales en incontables participaciones en reuniones científicas, en el campo de la biología del desarrollo, la virología y la oncología.

Su excelencia científica fue reconocida con numerosas distinciones, entre las que destacan el Premio KONEX (1983), el galardón Alicia Moreau de Justo (1988) y el prestigioso Premio Hipócrates (1991). A lo largo de su carrera, fue nombrada Mujer del Año en 1967, Investigadora Emérita del CONICET en 1995 y Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1996. Su impacto trascendió fronteras, recibiendo la condecoración de Cavaliere por la República Italiana y la Medalla de Oro a la Cultura de la Embajada de Italia. Hacia el final de su camino, su compromiso inagotable fue honrado con la Medalla del Bicentenario en 2010, consolidándola como una de las figuras más influyentes y respetadas de la historia médica argentina.

Lustig 4Eugenia Sacerdote de Lustig en el auditorio del Instituto de Oncología Roffo (2010).