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Martes, 21 Febrero 2017
IECH

En los límites de la ficción literaria

Cristian Molina, Mariana Catalin, Sandra Contreras y Mariela Herrero. Cristian Molina, Mariana Catalin, Sandra Contreras y Mariela Herrero.

El proyecto de investigación “Ficciones en transición” que integra investigadores de Rosario y Buenos Aires, observa y cuestiona los límites de la ficción literaria y se permite explorarlos.

Ficciones en transición es un concepto amplio que los investigadores utilizan para referirse a lo que llaman representaciones liminares, es decir, representaciones (literarias, teatrales, cinematográficas) situadas en los bordes, entre ficción y realidad, entre arte y vida. Sandra Contreras, investigadora del CONICET y directora del Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (IECH, CONICET-UNR), coordinó, junto con Alejandra Laera y Álvaro Fernández Bravo, el grupo que integran, en Rosario, Mariana Catalin, Cristian Molina y Mariela Herrero, y que completan, en Buenos Aires, Luz Horne y Marcos Zangrandi.

“En principio, quisimos ensayar definiciones para repensar el modo en que se reconfiguran los bordes de la ficción a partir de la reconfiguración misma del estatuto de la realidad en la era contemporánea” destaca Contreras y subraya que a partir de las distintas entradas que fueron explorando y de los objetos que fueron trabajando, el concepto “Ficciones en transición” mostró su productividad no como un principio de clasificación de objetos sino como un modo de leer en el presente. “No nos interesó recurrir al concepto como una herramienta para determinar qué es hoy una ficción y qué no, según unas supuestas cualidades intrínsecas, sino para definir un modo de leer en los bordes, en las transiciones, en el presente”, agrega.

“A partir de lo que la teoría ha llamado la expansión de la imagen, que atraviesa todos los niveles de la cultura contemporánea, la realidad misma se vuelve un simulacro, como efecto de la proliferación de las imágenes. Naturalmente, y por extensión, esto obliga a redefinir el estatuto mismo de la ficción” señala Contreras. “Y el retorno a lo real que singulariza al arte contemporáneo, desde fines de los `80 y los `90 en adelante, podría considerarse uno de los aspectos de esta reconfiguración, esto es algo que ha sido ampliamente trabajado por la teoría del arte: la pulsión del arte por tocar lo real, por retornar a lo real, o por dar cuenta de la experiencia traumática con lo real” explica la investigadora.

En este sentido, y al respecto de las experiencias complejas, ambivalentes, que se manifiestan en las ficciones que estudia el grupo, Contreras manifiesta: “Esa tensión entre la pulsión por tocar lo real y, al mismo tiempo, el mantenimiento o la insistencia del corte estético, de la distancia estética, es lo que da lugar a experiencias muy interesantes”.

Sandra Contreras: el objeto novela

El trabajo de investigación de Contreras partió de las maneras en que se transfigura la forma novela en algunas textualidades contemporáneas: literarias, teatrales y cinematográficas. El punto de partida fue la película “Historias Extraordinarias”, de Mariano Llinás y algunos proyectos teatrales, como el de Mariano Pensotti, a partir de su obra “El pasado es un animal grotesco”. “Resultaba particularmente interesante que ambos trataran de contar una historia al modo en que lo hacían las novelas clásicas del siglo XIX y que para eso usaran el relato de la voz en off. Son ambas obras extensas, entonces la experiencia del espectador de la película o la obra teatral es la de alguien que escucha desde una voz en off contar una historia durante cuatro horas seguidas mientras transcurren las imágenes. Es una experiencia muy interesante porque se trata de experimentar con el formato y con el género novela, y al mismo tiempo crear los dispositivos para lo que yo llamo una “puesta en acto de la novela” explica Contreras.

“La experiencia de la novela es la del lector solitario y en silencio, y aquí la puesta en acto de la novela dispara, en cambio, su escucha” añade la investigadora.

El imaginario de Chernóbil

Mariana Catalin, investigadora asistente del CONICET, estudió el caso de Carlos Ríos, autor de “Cuaderno de Pripyat”, una novela reciente que aborda el imaginario que se creó en torno a la catástrofe de Chernóbil. “Esta ficción convoca diversos registros: el entorno monstruoso de juegos de video como “Call of Pripyat”, documentos sobre los efectos de la radiación, testimonios de personas, fotografías de esa sociedad devastada. La tensión entre estos materiales reformula todo el carácter alegórico, porque Ríos está hablando de Chernóbil pero también está hablando de formas de sobrevivencia en el territorio presente, incluso argentino, a través de esa realidad ucraniana, que uno puede pensar como exótica” explica la investigadora.

Al respecto de las obras analizadas, Catalin señala “Son ficciones liminares porque no es fácil definir en qué lugar colocarlas y nos obligan a usar un léxico nuevo para intentar entrar en contacto con sus modos singulares. Uno podría decir que “Cuaderno de Pripyat” es una nouvelle, pero una nouvelle compuesta por fragmentos, algunos que se presentan como entrevistas a personas realmente existentes, por ejemplo, a una poeta ucraniana y a los creadores de los video juegos, entrevistas que parecen salirse de los límites complejizando el estatuto de lo que es y no es ficción”.

Literatura y mercado

Dentro de la misma línea, el investigador del CONICET Cristian Molina, trabajó el contacto de la literatura con el mercado y cómo dicho contacto afectó la ficción en diferentes planos y viceversa.

El investigador señala “Estoy trabajando, entre otros objetos, con la película “El Artista” de Gastón Duprat y Mariano Cohn y con el libro homónimo de Alberto Laiseca que fue publicado dos años después. En la película aparece Laiseca, un escritor que actúa de artista, y que se pone en entredicho en cuanto tal. Así, mientras se redefine el estatuto de la ficción, también se redefinen las relaciones con el mercado, porque hay una ficción autoral compleja y extendida, donde el autor no es único, sino que de alguna manera todos los que intervienen en esa ficción se postulan como sus autores. Incluso, el hecho de que Laiseca plagie con el libro después a la película, hace que, para Laiseca y para su proyecto de escritura, esa película se transforme en un proyecto autoral hasta propio. De este modo, la autoría se redefine como un gesto entre lo propio y lo impropio, lo individual y lo colectivo”.

“Esa condición autoral extendida afecta las relaciones con el mercado al generar un consumo ente diferentes formatos por acumulación simbólica de las firmas que allí intervienen, lo cual pone en crisis la regla bourdiana de la proporción inversa como criterio de valoración del arte en relación con el mercado en la contemporaneidad, al tiempo que señala cómo el autor en tanto marca individual y subjetiva únicamente es puesta en crisis por estas ficciones” agrega Molina.

La tecnología y la literatura

La investigación de Mariela Herrero, becaria doctoral del CONICET, que reunió un corpus compuesto por fotografías, obras cinematográficas, literatura y arte contemporáneo, “nació a partir de una sospecha de que había un contacto de la literatura con la tecnología en estas últimas décadas” indica la becaria.
“Parto de una idea clásica de techné, tal como la entendían los griegos, que involucraba tanto un saber como una práctica, y que con el desarrollo y el avance de la técnica moderna, experimentó una separación, se escindió” explica Herrero y añade “Ahora bien, el estado del arte actual presenta una tendencia a la permeabilidad y la porosidad entre materiales, géneros, disciplinas, soportes. La inespecificidad, la oscilación, el cruce, la mezcla entre estos elementos parecen ser las características primordiales del arte en cuestión, de ahí surge la sospecha de que quizás ese resquebrajamiento producido sobre el concepto doble de techné esté siendo de alguna manera restablecido”.

“Lo que yo busco es volver sobre ese estado del arte y la literatura contemporáneos pero pensando estas contigüidades desde una perspectiva que involucra los procesos de tecnificación y las consecuencias que los mismos proyectaron sobre la cultura de fin de siglo XX y los umbrales del XXI” cuenta Herrero e indica que su idea es proponer a la literatura y el arte contemporáneos como tecnologías de la proximidad, es decir, como dispositivos o prácticas capaces de reunir lo que se presenta como disperso para reconectarlo a fin de volver a trabajarlo en conjunto, en una misma línea. Herrero plantea a la categoría tecnologías de la proximidad como una noción que, en consonancia con los criterios que rigen la narrativa del presente, se resiste a la quietud y a la fijeza y cuya potencia radicaría en atraer o redirigir, en acercar las dicotomías que el tensamiento arte/técnica puso de relieve en los últimos siglos.

“Ficciones en transición” fue un proyecto que involucró numerosos abordajes, distintos y variados puntos de vista, y al respecto de la experiencia de haber coordinado y trabajado en el mismo, Contreras señala “El desafío fue definir con precisión, porque es un problema de larga data, modos contemporáneos de la liminaridad, entre los géneros, entre el arte y lo real”.

Por Ana Paradiso
CONICET Rosario